September 15, 2019

El adios de Bobby Cox como manager activo (Bobby Cox says good bye as an active manager)

February 23, 2010 by · 1 Comment 

Cuando Bobby Cox vino a jugar con Cardenales de Lara (1967-68 y 1968-69) y Leones del Caracas (1969-70), teniendo buenos números ofensivos con los pájaros rojos además de comandar a los antesalistas de la liga venezolana en promedio defensivo en la 67-68, nadie se imaginaba que pudiera establecerse como manager de Grandes Ligas. Y cuando vino a dirigir a Lara (1974-75, 1975-76 y 1976-77) mucho menos se pensaba que llegase a ganar 2143 juegos en Grandes Ligas (cuarta mejor marca de todos los tiempos), un título de Serie Mundial, 5 banderines de la Liga Nacional, y 15 títulos divisionales (14 con los Bravos de Atlanta 1 con los Azulejos de Toronto).

Ahora cuando anuncia que la de 2010 será su campaña postrera como dirigente de Grandes Ligas abundan los comentarios de personas que han vivido de cerca su gestión como manager. Desde que llegó a Atlanta en 1978 impresionó por su estilo aguerrido tomado en parte de Billy Martin cuando trabajó para él en el verano de 1977 como coach de primera base de los Yanquis de Nueva York.

Clarence Gaston trabajó para Cox en sus años con los Azulejos y lo que más recuerda de este es su estrategia y sensibilidad, “Era muy bueno dirigiendo pero también mantenía unidos a los coaches y los llevaba a cenar después de los juegos”.

Bill Acree el añejo director de viaje de los Bravos que ha estado con el equipo desde que se mudaron para Atlanta en 1966, todavía trabaja para Bobby y recuerda que al comienzo, “Si perdíamos 3 o 4 juegos seguidos, me pedía que no lavara los uniformes. También había momentos cuando alrededor de la media noche me llamaba para decirme que necesitaba el terreno a las 9 de la mañana para una práctica completa. Ahora no ataca de frente. Lo hace más en el estilo de rodear y conquistar”.

El laureado nudillista Phil Niekro quién jugara para Bobby entre 1978 y 1981 todavía reconoce a Cox como el hombre que orquestó la escalada del equipo hacia la corona de la División Oeste de la Liga Nacional en 1982. “Bobby construyó ese equipo”, dijo Niekro. “Él construyó esa organización. Pienso que nunca habrá un manager que haya tenido un impacto sobre una organización como el que él ha tenido en los Bravos”.

Luego de guiar a los Azulejos a su primer título divisional, Cox regresó en 1986 y pasó 5 años como Gerente General de los Bravos, reestructurando el sistema de búsqueda y desarrollo de peloteros, los frutos de este esfuerzo se empezaron a ver cuando él regresó a dirigir a los Bravos a mediados de la temporada de 1990, a partir del próximo año ganaría el primero de 14 títulos divisionales seguidos.

“Estuve en el entrenamiento primaveral el año pasado por una semana y sigo pensando que Bobby no ha cambiado ni una pizca en 31 años”, dijo el antiguo relevista Gene Garber.

Cuando Garber ganó una de las minibatallas que escenificó ante Cox durante la temporada de 1978, de inmediato se dio cuenta de que este manager novato reconocía la importancia de entender lo que era primordial para los jugadores.

La noche del 01 de agosto de 1978, Garber mantuvo en blanco a los Rojos de Cincinnati en el séptimo y octavo innings y estaba determinado a salir para el noveno y completar el relevo de tres episodios para además terminar con la seguidilla de 44 juegos seguidos que tenía Pete Rose.

Después que los Bravos anotaron 5 carreras en el octavo para tomar una ventaja de 16-4, Cox le dijo a su veterano relevista que su trabajo había terminado. Cuando Garber protestó y proclamó que él lanzaría el noveno inning y además estaría dispuesto a abrir el juego del día siguiente, sintió la intensidad de la mirada de su joven manager.

“Me miró por un buen rato hasta que dije ‘Ah,ah’”, dijo Garber. “Entonces dijo ‘Garb, anda y domínalos’. Pienso que se dio cuenta cuan importante era para mí salir para el noveno. Garber, quién ponchó a Rose para terminar aquella histórica noche de agosto en el Atlanta-Fulton County Stadium, rapidamente tuvo el presentimiento de que aquel aguerrido joven manager tenía toda la voluntad de apoyar a sus peloteros. Décadas después, los jugadores de todas las Grandes Ligas todavía reconocen la lealtad y la paciencia de Cox como razones por las cuales les gustaría jugar para él.

“Es terriblemente paciente con los peloteros”, dijo Garber. “Entonces lo era y pienso que aún lo es. No ha olvidado que para los jugadores este es un juego muy duro. Ellos no necesitan que se les recuerde que dejaron de hacer esto y dejaron de hacer aquello”.

Quizás en ello haya tenido algo de influencia la dura prueba de haber vivido las exigencias de la afición venezolana, sobre todo en un enfrentamiento Caracas – Magallanes.

English Version

When Bobby Cox came to play to the Venezuelan winter ball for the Lara Cardinals (1967-68 y 1968-69) and the Caracas Lions (1969-70), he had good offensive stats with the red birds and led the third basemen of the league in defensive average during the 67-68 season, nobody could imagine that he would be a successful manager in the Big Show. Then when he came back to manage the Lara team (1974-75, 1975-76, 1976-77), not even a guy with a glass ball could imagine that Cox would win 2143 games in MLB (the fourth best performance in MLB history), 1 World Series Title, 5 National League pennants, 15 division titles (14 with the Braves, 1 with the Blue Jays).

Now when Cox announces that the 2010 season will be his last as MLB manager, there are many people who worked around him as skipper who remember how Cox was a field manager. Since he arrived to Atlanta in 1978, Cox impressed for his fierce style of managing, taken partially from Billy Martin after working for him in the 1977 summer as first base coach of the New York Yankees.

Clarence Gaston worked for Cox in his years with the Toronto Blue Jays. What he always remembers of Cox is his strategy and sensibility. “He was a very good skipper but he also kept together his coaches by taking them to dinner after games.”

Bill Acree the long time travel director who has been with the Braves since they moved to Atlanta before the 1966 season, still works for Bobby. He recalls that in the beginning of Cox tenure as manager “If we lost 3 or 4 games in a row, he asked me not to wash the uniforms. Some days around midnight he called to tell me he would need the field at 9 am for a workout with the whole team. Now he isn’t so straight forward. Now he prefers the tactics of surround and conquer”.

The great knuckleballer Phil Niekro, who played for Bobby between 1978 and 1981 still recognizes Cox as the man who orchestrated the raise of the team to the West Division Title of the National League in 1982. “Bobby built that team”, said Niekro. “He built that organization. I don’t think there will ever be a manager who has had an impact on an organization as he has had on the Braves”.

After conducting the Blue Jays to their first division title, Cox came back in 1986 and spent 5 years as the Braves General Manager. He revamped the scouting and player-development departments. The fruits of this effort began to show when Cox returned to manage the Braves at the middle of the 1990 season. Starting the next year Cox would win the first of 14 division titles in a row.

“I was in the spring training last year for a week, and I keep thinking that Bobby hasn’t changed a bit in 31 years”, said the former reliever Gene Garber.

When Garber won one of the mini-battles he waged against Cox during the 1978 season, he quickly realized that this rookie manager recognized the importance of understanding what was important to the players.

The evening of August 1st 1978, Garber kept scoreless the Cincinnati Reds in the seventh and eighth innings, and he was determined to highlight a three inning-relief stint by ending Pete Roses’s 44-game hitting streak in the ninth.

Once the Braves scored 5 runs in the eighth frame to take an edge of 16-4, Cox told his veteran reliever that his job was done for that evening. When Garber protested and proclaimed he’d pitch the ninth inning and still will be willing to start the next day’s game, he felt the wrath of his young manager’s stare.

“He looked at me long enough for me to say, ‘Uh oh,’” Garber said. “Then he said, ‘Garb, go get ’em.’ I think he just realized how important it was for me to go back out there.”

Garber, who struck Rose out to end that historic August evening at Atlanta-Fulton County Stadium, quickly gained a sense that this fiery young manager was willing to support his players. Decades later, players across the Majors still recognize Cox’s loyalty and patience as reasons they would like to play for him.

“He’s terribly patient with players,” Garber said. “He was then and I think he still is. He hasn’t forgotten that this is a tough game for players. They don’t need to be reminded that they didn’t do this and they didn’t do that.”

Maybe some of this philosophy was influenced by the fact of being tested by the hard-demanding venezuelan fans, over all in a Caracas-Magallanes game.

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