June 26, 2019

Al fondo de la esquina caliente (At the bottom of the hot corner)

October 8, 2010 by · Leave a Comment 

 Inicios de octubre de 1970 desplegaba varias páginas de suspenso para mis 9 años de hiperkinesia desbordada. Haber seguido los juegos del Mundial de Fútbol por televisión y el Campeonato Nacional Juvenil de Béisbol en el estadio de Cumaná, encendía toda la fruición de mi expectativa ante la Serie Mundial de aquel año. Toda esa curiosidad galopaba en paralelo con el reto de la tabla de dividir y la regla de tres que significaba el cuarto grado. La maestra Inés llenaba el aula con su conocimiento transparente y su pedagogía que saltaba entre los pupitres. Cualquier asomo de miedo a las matemática me lo borró en el primer instante que escuché su voz. Me había tocado el turno de la tarde, por lo cual debía estar atento en mis juegos y correrías por calles y cañaverales de regresar a casa antes de mediodía.

 En los periódicos hablaban de la Gran Maquinaria Roja de Sparky Anderson, Pete Rose, Johnny Bench, Tany Perez y compañía. Sus contincantes eran los Orioles de Baltimore de Earl Weaver, Dave McNally, Miguel Cuellar, Jim Palmer, Frank Robinson, Paul Blair y un tercera base que llamaban “la aspiradora humana”: Brooks Robinson.

 Mientras terminaba del almorzar escuchaba los comentarios de Carlos Tovar Bracho a través de Radio Caracas Televisión. Estaba por comenzar otro juego de la Serie Mundial. Trataba de comer lo más lento posible para ver si me daba tiempo de ver el comienzo del juego. Tenía esperanzas de que metieran a jugar a David Concepción. Papá me hacia observaciones para que apurara la comida porque ya era casi la una de la tarde.  Cuando pasé por el comedor aproveché que papá se metió en la oficina y me escondí detrás de un pilar. Por Cincinnati lanzaba Gary Nolan. Por los Orioles creo que lo hacia Palmer o McNally. Papá empezó a llamarme y yo a girar alrededor del pilar. Lee May entró a la caja de batear y metió un cañonazo por toda la almohadilla que se desvió hacia la zona de foul varios metros detrás de tercera base.

 Papá tuvo que ir a contestar el telefóno. Broooks Robinson llegó hasta el fondo del abanico en la zona de foul. Succionó la pelota con el guante de revés y cuando parecía que se iba a quedar con la misma en la mano ante el empuje de May hacia primera, ha soltado un disparo por encima del hombro que atravesó el cuadro interior para vencer a May justo en el momento que iba a hacer contacto con el primer saco. “¡Que barbaridad de jugada amigos. Muy pocos terceras base pueden hacer ese tiro y hacer el out!”, dijo Tovar Bracho . En el fondo la narración en inglés: “What a magnificent play. This guy is really fabulous at the hot corner. The Orioles will have to make him a statue”. May no podía creer que el árbitro hubiese cantado el out. Trató de reclamar pero luego vio hacia el dugout y se fue con la cabeza gacha.

 Papá me agarró por el brazo y me llevó hasta el portón del porche. “Ya es la una y media y todavía estás aquí ¿Qué sabes tú si la maestra está haciendo un examen?”. Empecé a caminar con la mirada en el piso. En la esquina de Clemente me percaté que no me habían dado el dinero de la merienda. Sin embargo con el genio que tenía Papá, preferí seguir rumbo a la escuela. Aquella jugada de Brooks Robinson bien valía el regaño y hasta quedarme sin merienda en el recreo escolar. Todo el trayecto lo pasé simulando atrapar una pelota sobre la orilla de la acera y lanzando a primera por encima del brazo. Al entrar al aula la maestra Inés pasaba la lista. “¿Vienes llegando y estás muerto de risa?” “Disculpe maestra es por algo que vi mientras venía para acá”.

Alfonso L. Tusa C.

English translation

The beginning of October, 1970, displayed some pages of suspense for my 9 years of total hyperkinesia. I had followed the Mexico ’70 Soccer World Cup on TV and the Juvenile Champioship of Baseball in the stadium of Cumaná, Venezuela. So, I was avid to watch the World Series. All that curiosity ran together with the challenge of beginning the fourth grade in the elementary school. The teacher Inés filled the classroom with all her knowledge and pedagogy. Any possibility of experiencing scare about math, she erased it the first time I heard her voice. I had classes in the afternoon, therefore I had to be  careful about my games around the streets and sugar cane plantations. I had to be at home before noon.

 The papers talked about the Big Red Machine of Sparky Anderson, Pete Rose, Johnny Bench, Tany Pérez and Co. Their rivals were the Baltimore Orioles of Earl Weaver, Dave McNally, Miguel Cuellar, Jim Palmer, Frank Robinson, Paul Blair and a third baseman called the “human vacuum cleaner”. Brooks Robinson.

 As I finished eating my lunch I listened to the Carlos Tovar Bracho comments  through the TV broadcast. It was about to begin another game of the World Series. I tried to eat the slowest to see if I had time to watch at least the beginning of the game. I had expectations that Sparky Anderson would  put David Concepcion to play in that game. Dad told me to hurry up because it was almost one o’clock in the afternoon. When I passed through the living room, Dad went into his office. I hid behind one of the pillars in the living room. Gary Nolan was the pitcher for Cincinnati. I’m not sure about the Orioles hurler but I suspect that could have been Palmer or Cuellar. Dad started to call me and I began to spin around the pillar. Lee May came into the batting box and hit a tremendous shot over third base that deviated to the foul zone behind the hot corner.

 Dad had to answer a telephone call. Brooks Robinson moved to the bottom of the horn in the foul zone. He suctioned the ball with the glove backhanded and when it seemed he would have to stay with the ball in his bare hand, because May was running like a train to first base, he sent and over the shoulder throw through the infield to put May out just at the moment he was going to touch first base. “What an immense play friends. Just a few third basemen can perform that throw and make the out!”, said Tovar Bracho.

 At the bottom of the broadcast it could be listened the English teller:  “What a magnificent play. This guy is really fabulous at the hot corner. The Orioles will have to make him a statue”. May couldn’t believe that the umpire had ruled the out. He tried to complain but then he saw to the dugout and left with his face on the chest.

 Dad took me by the arm and led me to the porch’s gate. “It’s half past one and you’re still here ¿How do you know if the teacher isn’t doing a test?”

 I started to walk with my gaze on the floor.

 At Clemente’s corner I knew I didn’t have the money for the snack in the school. I decided to keep going because Dad was very upset. That play of Brooks Robinson had more value than any snack I could have in the school. As I approached to the school, I performed like a third base man fielding a ball on the edge of the sidewalk and throwing it to first base over the shoulder.

 When I arrived at the classroom, teacher Inés asked me: “Why are you smiling?”  “Excuse me teacher. It’s because of something I saw while coming here”.

Alfonso L. Tusa C.

Alfonso’s work has been featured in Venezuela’s daily newspaper, El Nacional and in the magazine Gente en Ambiente, and he’s collaborated on several articles for newspapers, including the daily paper Tal Cual. He’s also written three books and biographies for SABR’s BioProject.

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