September 25, 2021

La pintura de un Barco. (The picture of a ship)

April 6, 2011 by · Leave a Comment 

Hace unos días fui al cine a ver la segunda película de Narnia. Las imágenes de los muchachos transportándose a las aventuras de un barco mediante una pintura colgada en la pared de su cuarto me hizo ver varios episodios de otro barco que acaba de nombrar a su Almirante para volver a navegar en los mares picados del campeonato de béisbol.

 Todas las aventuras activadas a través de la visión de la pintura en la pared, se me antoja se activaron desde el momento cuando Carlos García confirmó su regreso como manager y Luis Blasini fue ratificado como Gerente Deportivo de los Navegantes del Magallanes. En medio del oleaje furioso y los pasajes oscuros, se empezó a escuchar voces de análisis, planificaciones en el calendario, llamadas a peloteros. Los relumbrones de la película dejaban ver las piezas que el equipo no pudo utilizar con éxito la temporada anterior. El mar seguía picado, en el puesto de mando giró el timón y la proa atravesó el oleaje.

 El abanico mostraba la arcilla más anaranjada que haya visto en un diamante. Los batazos salían con estallidos de cotufas hacia todos los rincones del campo. La sirena levantaba los gritos de los aficionados hasta que la emoción desbordaba su espuma  entre los chisporroteos del radio que desplegaba la narración del juego desde un rincón del cuarto oscuro luego del octavo inning.

 Estrujaba el cráneo sobre la almohada buscando el mejor ángulo de la jugada. La voz de Delio Amado León dibujaba las imágenes que sólo veíamos después de acostarnos. Los uniformes cargados de tierra, los spikes cortando manos o medias sanitarias, los pitchers usando una chaqueta luego de llegar a primera base. Aquellas transmisiones “televisivas” llenaban de creatividad el campo visual  y muchas veces mezclábamos lo que decía el narrador con lo que habíamos jugado temprano en el solar de asfalto. “Mía, mía. Déjamela”. “¡Mátalo en la goma!” Más de una vez me desperté sobresaltado por la mano de Felipe o la de Jesús Mario en mi hombro. “¿De qué estás hablando tú?”. En mi mente sólo burbujeaban retazos del juego donde había participado esa mañana en el solar de asfalto del frente de la casa. “Allá va una línea entre dos, la bola parece que va a pic…allá se lanza de cabeza Armando Ortiz, que barbaridad de jugada amigos, Ortiz ha tomado la pelota de cordón de zapato, dio una vuelta de carnero…” Al volver la mirada hacia la platabanda retomé las imágenes del estadio Universitario.

 El barco apenas inicia la extensa ruta hacia octubre. Desde las claraboyas del puente de mando es posible ver aun el mar picado y el cielo oscuro. El mismo panorama que atravesó el navío de Narnia. ¿Se encontrará la espada que permita hallar la armonía y el compromiso de trabajar en equipo?

 El oleaje se estrella por encima de la línea de flotación mientras un tintineo de metales  truena en la sala de mando, el Almirante ajusta el catalejos  sobre un horizonte cuajado de sombras y fantasmas de dragones sobrevolando el mástil. En un movimiento brusco los salientes del timón giran hasta disparar la frecuencia. Todos los espíritus internos hacen crujir el compartimiento hasta que la voz del Almirante estremece el barco. “A estribor. Hacia allá se encuentra el tesoro perdido”. El segundo de a bordo se estruja los ojos, sacude la cabeza y lanza miradas en 360º hasta reconocer los estragos de unas

decisiones inexplicables.

 Los crujidos del maderamen descubren incertidumbres a la luz de la luna ¿Quiénes jugarán en octubre? ¿Cuántos permanecerán toda la temporada? ¿A cuántos pitchers A, o AA les permitirán jugar? ¿Cuántos jugarán la temporada completa? Son imágenes proyectadas en la pared del puesto de mando. Un fino lápiz desliza sobre un pergamino y los primeros trazos de una ruta asoman en el mar, hay un trecho largo para cavilar y los duendes saltan a babor y estribor buscando confundir los ojos del Almirante. Hay una luz que parpadea al fondo de la oscuridad, hacia allá apunta la proa del barco.

Alfonso L. Tusa C.

English translation

Some days ago I went to see the second movie about Narnia. The images of the kids moving on the adventures of a ship through a picture hung from the wall of their bedroom made me see some episodes of another ship that recently named its Captain to get back to navigate on the furious seas of the Venezuelan baseball winter league,

 All of the adventures turned on through the picture on the wall, I think got activated from the moment when Carlos García agreed to come back as the manager and Luis Blasini was ratified as the general manager of the Magallanes Navigators team. In the middle of the furious waves and the dark passageways, it began to be listened voices

of analysis, deadlines in the calendar, phone calls to the ballplayers

 . The beams spreading from the movies discovered all the weapons the team couldn’t use with success last season. The sea kept furious, the rudder spun in the commanding room and the bow advanced through the waves.

 The horn showed the most orange of the clay dust I had seen in a baseball diamond. The balls came out from the bats as popcorn spread to all the field’s corners. The siren raised the fans’ shouts until the emotion flooded its foam among the interferences of a radio broadcasting a ballgame from the corner of a dark bedroom after the eighth inning.

 I rubbed my skull against the pillow seeking for the best angle to see the ballgame. Delio Amado León’ voice, through the radio broadcasting, painted the images that we only saw after we got to bed. The uniforms loaded with clay dust from the horn. The spikes cutting hands or sanitary socks, the pitchers wearing a jacket after arriving to first base. Those “TV” broadcastings filled with creativity our visual field and plenty of times we mixed what the teller was saying with what we have played in the sandlot early in the day. “I got it. I got it…” “C’mon fire him at home…” More than once I awoke because of the hand of Jesus Mario or Felipe in my shoulder. “¿What are you talking about?” In my mind I only had bubbles of the game I played that morning in the sandlot just in front of our home. “It’s a line drive to the gap. It seems a doub…Armando Ortíz dives over the grass and takes the ball. What a play…he first tried to take the ball shoestring but then has made this fantastic play.” When I saw to the ceiling I started watching again the game at the stadium Universitario.

 The ship it’s just beginning a long route until October. From the commanding room windows it’s possible to still see the furious sea and the dark sky. The same landscape the ship of Narnia went through. Will it be found the sword for finding the harmony and the compromise of performing as a teamwork?

 The waves strike above the flotation mark as a metallic noise thunders in the commanding room. The Captain adjusts his binocular over a horizon filled with shadows and dragon phantoms flying around the sails. The rudder spins with a great frequency after a Captain`s hard movement. All of the inner spirits shake the room up as the Captain’s voice rumbles in the ship, “To the right. In that direction is the lost treasure”. The second on board squeezes his eyes, shakes his head and delivers gazes in 360 degrees until recognizing the consequences of taking the wrong decisions.

 The crunching of the ship’s wood discover hesitation below the moonlight. “Which players will be regulars in October? How many will remain the whole season? How many pitchers from Class A or AA will be allowed to play? How many will pitch the whole season?. These are images projected on the commanding room’s wall. A sharp pencil slides against an old paper and the first traces of a route appear on the sea, there is a long way to reflect, the elves jump to the left and the right of the ship trying to confuse the Captain’s eyes. There is a light that blinks in the darkness, that way goes the ships bow.

 Alfonso L. Tusa C.

Alfonso’s work has been featured in Venezuela’s daily newspaper, El Nacional and in the magazine Gente en Ambiente, and he’s collaborated on several articles for newspapers, including the daily paper Tal Cual. He’s also written three books and biographies for SABR’s BioProject.

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